Una pequeña vivienda junto al mar, y a su vez, muy resguardada del él ya que está completamente incrustada en el monte Ulía. Un pequeño cobijo con mucho potencial, pero con una patología importante como condición de partida, la humedad.
Al encontrarse empotrada en el monte, recibe toda la escorrentía. Lo cual, nos obliga a renovar prácticamente toda la envolvente de la vivienda. Primer paso, dejarla al desnudo, y crear un buen chubasquero que proporcione unas condiciones óptimas para habitarla.
Por otro lado, la distribución que presentaba previamente era completamente compartimentada, y con estancias únicamente vivideras en torno a patios de luces. Lo que se plantea en la nueva distribución es la apertura de estos espacios y conexión entre ellos para generar un programa flexible, adecuándose a las necesidades de una pareja, de manera que todos los metros cuadrados de la vivienda sean aprovechados.





































